Un megatsunami en Groenlandia provocó olas de 200 metros y una señal sísmica global, revelando los riesgos ocultos del colapso glaciar.

En una de las regiones más remotas del planeta, un fenómeno natural dejó atónitos a científicos y expertos. El colapso de una montaña sobre un fiordo de Groenlandia generó un megatsunami de más de 200 metros de altura, cuya señal sísmica se sintió durante días en todo el mundo. Sin víctimas ni cobertura inmediata, el evento fue reconstruido gracias a una combinación de datos sísmicos y tecnología satelital avanzada. Hoy, se considera un ejemplo claro de cómo el cambio climático puede desencadenar fuerzas naturales extremas en lugares donde nadie las espera.
¿Qué es un megatsunami y cómo puede formarse en Groenlandia?
A diferencia de los tsunamis clásicos provocados por terremotos submarinos, los megatsunamis suelen originarse por deslizamientos de tierra masivos, como el colapso de una montaña o un glaciar. En regiones como Groenlandia, donde el hielo se derrite a un ritmo acelerado, el riesgo de estos eventos ha aumentado.

En este caso particular, el colapso de una montaña de aproximadamente 1.200 metros de altura liberó millones de metros cúbicos de roca y hielo, impactando violentamente en las aguas del fiordo. La energía liberada fue suficiente para crear una ola colosal que superó los 200 metros de altura inicial. A pesar de su magnitud, el megatsunami quedó contenido en el fiordo, rebotando dentro de sus paredes y generando un fenómeno poco común: una onda estacionaria.
La señal sísmica que desconcertó al mundo
Este megatsunami no pasó desapercibido para la ciencia. Aunque ocurrió en una zona aislada, la actividad generada fue tan intensa que provocó una señal sísmica global, detectada por estaciones en varios continentes. Lo curioso es que esta vibración no duró minutos, sino días, generando preguntas entre los sismólogos sobre su causa.
Al estudiar los registros sísmicos junto con observaciones satelitales, los científicos lograron confirmar que el origen estaba en el fiordo. El rebote constante de la ola dentro del canal generó una señal prolongada, con patrones que no coincidían con terremotos convencionales. La Tierra “tembló” por una ola que nadie vio en directo, pero que dejó huella en los datos geofísicos.
Tecnología espacial y ciencia al servicio del planeta
La clave para entender este fenómeno fue el satélite SWOT (Topografía Oceánica de Aguas Superficiales), una misión internacional diseñada para cartografiar el agua en la superficie de la Tierra con una resolución sin precedentes. SWOT utiliza un radar interferométrico (KaRIn) capaz de medir desniveles de tan solo 2,5 metros.

Gracias a sus datos, los científicos detectaron pendientes de agua que se movían en direcciones opuestas dentro del fiordo, lo que confirmó la existencia de la ola estacionaria. Estas mediciones, unidas a registros sísmicos, permitieron reconstruir lo que sucedió, incluso en momentos donde no había observación directa por parte del satélite.
Cambio climático y eventos extremos en el Ártico
El derretimiento acelerado de los glaciares en regiones como Groenlandia está transformando el paisaje de forma dramática. El Ártico se calienta hasta cuatro veces más rápido que el resto del planeta, debilitando estructuras naturales y generando un entorno más propenso a colapsos masivos. Eventos como este megatsunami son una advertencia. Aunque no afectan de inmediato a grandes ciudades, revelan una realidad preocupante: el cambio climático no solo afecta temperaturas, también modifica la dinámica geológica y oceánica del planeta.
El caso del megatsunami en Groenlandia es más que una anécdota científica. Es un ejemplo de cómo los extremos naturales, acelerados por el calentamiento global, pueden ocurrir lejos de la vista del mundo… pero dejar señales que resuenan a nivel planetario. Gracias a la combinación de tecnologías de última generación y colaboración científica internacional, hoy es posible identificar, estudiar y entender estos fenómenos con mayor profundidad.
¿Qué provocó el megaterremoto de magnitud 8.8 en Rusia y por qué podría repetirse?
El megaterremoto extendió varios cientos de kilómetros en cuestión de segundos, liberando el equivalente a 240 millones de toneladas de TNT.
Un estremecimiento colosal sacudió el lecho marino frente a la península de Kamchatka, en el extremo oriente de Rusia, la madrugada del 29 de julio de 2025. Un megaterremoto de magnitud 8.8 —el más fuerte registrado en más de una década— liberó más energía que la mayor bomba nuclear jamás detonada. Y aunque, por fortuna, las consecuencias fueron menos letales de lo temido, los científicos advierten: este tipo de megaeventos podrían volverse más frecuentes… y aún no sabemos cómo predecirlos.
Un monstruo geológico bajo el mar
El epicentro de este titánico sismo se localizó en una zona de subducción, donde la placa tectónica del Pacífico se desliza bajo la placa euroasiática. Este tipo de contacto tectónico es famoso por generar los llamados terremotos de megafalla, capaces de liberar una energía monstruosa acumulada por siglos.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), la ruptura de la falla se extendió varios cientos de kilómetros en cuestión de segundos, liberando el equivalente a 240 millones de toneladas de TNT. Las sacudidas se sintieron fuertemente en ciudades como Petropavlovsk-Kamchatsky, donde más de 250,000 personas experimentaron movimientos severos.
¿Una advertencia ignorada? El sismo de 7.4 que ocurrió días antes
Una semana antes del gran evento, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió la misma región. Aunque inicialmente no se relacionaron, ahora los sismólogos se preguntan si este pudo haber sido un precursor del sismo mayor. Aún se analizan los patrones de ruptura para determinar si hubo una conexión directa.
Este corto intervalo entre dos megaterremotos ha desconcertado a la comunidad científica. Históricamente, eventos de esta magnitud suelen estar separados por siglos, no décadas. El último gran megaterremoto en esta misma zona ocurrió en 1952 y fue aún más potente: 9.0 de magnitud.
“No esperaba otro casi-magnitud 9 tan pronto”, confesó Harold Tobin, director de la Red Sísmica del Noroeste del Pacífico. “Esto nos recuerda cuánto nos falta por entender sobre estos fenómenos”.
Tsunami: El temor inmediato
Tan pronto como se detectó el rompimiento del fondo marino, las alertas de tsunami se activaron a lo largo del Pacífico, desde Japón hasta las costas de América del Norte y Centroamérica. Las olas alcanzaron alturas de hasta 5 metros (16 pies) en el sureste de Kamchatka, arrastrando embarcaciones, dañando instalaciones portuarias y provocando evacuaciones masivas.

En Japón, algunas zonas registraron olas de más de 1.3 metros, y Hawái también observó alteraciones del nivel del mar. Aunque el daño general fue menor al esperado, los especialistas advierten que los efectos de un tsunami pueden variar mucho dependiendo de la forma del litoral y la profundidad del mar.
“Emitir una alerta fue absolutamente lo correcto. El tipo de ruptura que vimos es exactamente el que genera tsunamis devastadores”, explicó Steven Hicks, sismólogo de University College London.
¿Estamos preparados para lo que sigue?
La comunidad científica aún intenta descifrar por qué ocurrió un evento tan potente en una región donde la energía sísmica supuestamente ya se había liberado hace décadas. Algunos temen que otras zonas sísmicamente activas —como la Fosa de Perú-Chile o la Falla de Cascadia en Norteamérica— podrían verse reflejadas en este patrón de acumulación rápida de tensión.
“Los terremotos no ocurren como relojes. A veces se adelantan, a veces se atrasan. Aún no sabemos leer con precisión ese reloj geológico”, admite Tobin.
Además, las réplicas continúan, incluyendo al menos una de magnitud 6.9, y podrían seguir durante semanas. Incluso estas réplicas pueden provocar tsunamis menores o daños adicionales.
México se mantiene en alerta
Debido a la magnitud del evento y su potencial impacto en el Pacífico, México mantiene vigilancia activa sobre el comportamiento del mar. Aunque no se han reportado afectaciones directas, autoridades han emitido advertencias sobre el fenómeno de mar de fondo, con olas de hasta 2.5 metros previstas en costas desde Chiapas hasta Baja California Sur.
Se han cerrado varios puertos de embarcaciones menores y mayores como medida preventiva, en lugares como Zihuatanejo, Cabo San Lucas y Puerto Chiapas.