La madrugada del domingo se registró uno de los incidentes más graves cuando un arroyo se desbordó en la comunidad de La Palestina, municipio de Santiago Papasquiaro, dejando bajo el agua a por lo menos 135 viviendas.
DURANGO, Dur. (apro).- Comunidades enteras y fraccionamientos bajo el agua, evacuaciones preventivas, el colapso de un puente, el desbordamiento de arroyos y el monitoreo constante de presas que operan al máximo de su capacidad es el balance preliminar de las lluvias registradas en los últimos días en el estado de Durango, que han puesto en alerta a las autoridades y a la población.
La madrugada de este domingo se registró uno de los incidentes más graves cuando un arroyo se desbordó en la comunidad de La Palestina, municipio de Santiago Papasquiaro, dejando bajo el agua a por lo menos 135 viviendas.
El reporte de emergencia se recibió a las 4:37 horas, movilizando de inmediato a autoridades de los tres niveles de gobierno para evaluar los daños y coordinar las acciones de auxilio.
Ante la gravedad el Gobierno del Estado envió helicóptero oficial para coadyuvar en las labores de rescate.
Como parte del protocolo de emergencia, se activó el Plan DNIII del Ejército Mexicano para realizar la evacuación de manera segura y organizada. Hasta la tarde de este domingo, no se habían reportado pérdidas humanas, priorizándose las labores de rescate y albergue de los damnificados.
Capital también afectada La emergencia no se limitó a las comunidades rurales. En el fraccionamiento San Ángel, de la capital duranguense, el agua alcanzó una altura de 60 centímetros, lo que obligó a la evacuación de varias familias.
Los habitantes de la zona afectada por las inundaciones del pasado 6 de septiembre las han calificado como las peores en su historia, dedicando este domingo a intentar rescatar muebles y enseres que pudieron quedar en condiciones de uso.
Colapso de infraestructura vial Los efectos de las intensas precipitaciones del sábado 6 de septiembre también se hicieron sentir en la infraestructura carretera. Las lluvias provocaron el colapso del camino de desvío en el Puente Molino de Cilindros, luego de que el río que cruza por la zona rebasara su cauce.
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) informó el cierre del tramo J. Guadalupe Aguilera-La Zarca, que conecta con Hidalgo del Parral, Chihuahua, y aclaró que la obra principal del nuevo puente no resultó afectada. La zona permanece acordonada para evitar accidentes, mientras que las autoridades recomendaron rutas alternas hacia el estado vecino, como la autopista Durango–Pedriceña–Nazas–Rodeo, el trayecto por Nuevo Ideal y Santiago Papasquiaro, así como el recorrido largo por Gómez Palacio, Torreón y Jiménez.
El sistema de presas de la entidad reporta niveles preocupantes que mantienen en alerta a las autoridades. La presa Peña del Águila se encuentra al 106% de su capacidad, lo que significa que ha superado su límite y ya está vertiendo sus excedentes. La Santa Elena registra un 100.7%, también por encima de su nivel máximo. Por su parte, la presa Guadalupe Victoria está al 82.6%, muy cerca de llenarse por completo.
Las autoridades municipales, estatales y federales mantienen un monitoreo constante de la situación meteorológica y de los niveles de las presas, e hicieron un llamado a la población en zonas de riesgo a permanecer atenta a los avisos oficiales y seguir las indicaciones de Protección Civil.
Intervalos de chubascos (5 a 25 mm): Baja California, Sonora, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas, San Luis Potosí, Aguascalientes, Tlaxcala, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
𝐌𝐄𝐒𝐀 𝐂𝐄𝐍𝐓𝐑𝐀𝐋:
Cielo medio nublado a nublado en el transcurso del día, con lluvias puntuales fuertes en Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Morelos y Puebla; las cuales podrían originar el incremento en los niveles de ríos y arroyos, deslaves, inundaciones, encharcamientos y visibilidad reducida. Chubascos en Tlaxcala.
Viento del este y noreste de 10 a 20 km/h con rachas de 30 a 50 km/h en Guanajuato, Querétaro, Hidalgo y Puebla; así como rachas de hasta 40 km/h en Morelos y Tlaxcala
¿Estamos listos para la nueva tormenta del siglo? El cambio climático podría intensificar los nor’easters: lluvia, nieve y viento extremo.
Las tormentas del siglo no son cosa del pasado. Según un nuevo estudio liderado por el climatólogo Michael Mann, el cambio climático podría estar creando nor’easters más intensos y peligrosos que nunca. Estas mega tormentas, famosas por paralizar la costa este de EE.UU. con nieve, lluvia y viento extremo, están ganando fuerza. Aunque parezca contradictorio, un planeta más cálido podría ser el escenario perfecto para nevadas más salvajes. ¿Qué nos espera en la próxima gran tormenta? La ciencia ya tiene algunas respuestas… y no son alentadoras.
La tormenta del siglo podría volver… pero más fuerte
El término “tormenta del siglo” no es exagerado. La de marzo de 1993, por ejemplo, dejó un saldo de más de 200 muertos, 1,5 metros de nieve y vientos que superaron los 160 km/h. Años después, en 2010, el “Snowmageddon” sumó más de 50 cm de nieve en varios estados y dejó sin electricidad a cientos de miles. Pero ahora, con datos de más de 900 nor’easters desde 1940 hasta 2025, la ciencia confirma un patrón preocupante: las tormentas más fuertes son cada vez más potentes.
El estudio revela que la velocidad máxima del viento ha aumentado un 6% en los últimos 85 años. Puede parecer poco, pero ese aumento implica un 20% más de capacidad destructiva. Y no es solo el viento. Las tasas de lluvia y nieve han subido un 10%, lo que significa inundaciones más severas, más cortes de luz, más caos. “Es física básica”, dice Mann: más calor = más humedad = más tormenta.
Menos tormentas, pero mucho más peligrosas Podría parecer un alivio saber que en un mundo más cálido habrá menos nor’easters. Pero la trampa está en su intensidad. A medida que el Ártico se calienta más rápido que el resto del hemisferio norte, se reduce el contraste térmico que alimenta estas tormentas. El resultado: menos frecuentes, pero más explosivas.
Las tormentas del siglo no son cosa del pasado. Según un nuevo estudio liderado por el climatólogo Michael Mann, el cambio climático podría estar creando nor’easters más intensos y peligrosos que nunca. Estas mega tormentas, famosas por paralizar la costa este de EE.UU. con nieve, lluvia y viento extremo, están ganando fuerza. Aunque parezca contradictorio, un planeta más cálido podría ser el escenario perfecto para nevadas más salvajes. ¿Qué nos espera en la próxima gran tormenta? La ciencia ya tiene algunas respuestas… y no son alentadoras.
Tormenta del siglo
Este fenómeno ha sido subestimado por los modelos de riesgo climático, lo cual preocupa a los expertos. Si las ciudades costeras no actualizan sus proyecciones de riesgo, podrían enfrentar inundaciones catastróficas sin estar preparadas. Según el estudio, algunas de estas tormentas podrían causar daños comparables a los de un gran huracán.
Ciudades en la mira: el noreste no está listo Nueva York, Boston, Filadelfia, Washington D.C.: todas están en la zona de impacto de los nor’easters. Y muchas de estas ciudades, según el estudio, no están preparadas para lo que viene. La científica Jennifer Francis del Woodwell Climate Research Center lo resume así: “Prepararse cuesta menos que reconstruir”. Si las tormentas se están intensificando, entonces los planes de emergencia, infraestructura y modelos de evacuación también deben hacerlo. Es como jugar al ajedrez contra un rival cada vez más fuerte, pero con las mismas piezas de siempre.
La paradoja del frío extremo en un mundo que se calienta Uno de los puntos más intrigantes del estudio es este: aunque el planeta se calienta, los episodios de frío extremo seguirán ocurriendo… y podrían ser aún más intensos. Sí, la temporada de nieve se acorta en muchas partes de EE.UU., pero eso no impide que las tormentas más raras sean también las más brutales. Como explica el climatólogo Judah Cohen del MIT, el calentamiento global puede provocar “aumentos episódicos de clima invernal severo”. En otras palabras: un invierno más corto, pero más violento.
El estudio sobre los nor’easters es una alerta temprana de una realidad que ya está en marcha. Las tormentas del siglo no solo volverán, sino que podrían ser más letales, más húmedas y más destructivas. Todo esto en un planeta que, irónicamente, se está calentando. El cambio climático no solo derrite glaciares o eleva el nivel del mar. También modifica las tormentas que nos azotan, incluso las de nieve. Entender este fenómeno no es una cuestión académica: es un paso necesario para sobrevivirlo.
¿Por qué ahora hay más terremotos en el mundo? La ciencia detrás de un fenómeno inquietante
Todo el tiempo vemos noticias de terremotos devastadores en todo el mundo, generando incertidumbre de su un gran temblor está por ocurrir.
En las últimas décadas, pareciera que los terremotos se han vuelto más frecuentes, intensos y mortales. Las noticias de sismos devastadores sacuden los titulares con alarmante regularidad: ciudades colapsadas, miles de personas desplazadas y un temor creciente de que lo peor esté por venir. Pero, ¿realmente está temblando más la Tierra o es solo una ilusión amplificada por los medios y nuestra presencia cada vez más cercana a las fallas? La respuesta es compleja… y también inquietante.
¿Más terremotos o más ojos mirando?
De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los sismos no han aumentado dramáticamente en número en el largo plazo. Lo que sí ha cambiado es nuestra percepción y la velocidad con la que recibimos noticias. Hoy, gracias a los smartphones, redes sociales y monitoreos sísmicos globales, sabemos casi al instante cuándo tiembla, aunque sea en la otra punta del planeta.
Además, conforme crece la población mundial, más personas habitan en zonas de alto riesgo sísmico. Esto significa que, aunque la cantidad de sismos se mantenga relativamente constante, su impacto humano es mayor, lo que amplifica la percepción de que la Tierra está más activa que nunca.
La trampa del “efecto racimo”: cuando los temblores vienen en grupo
Otro fenómeno que distorsiona nuestra visión es el agrupamiento sísmico. Aunque los terremotos tienden a seguir una media constante a lo largo de los años, su ocurrencia no es uniforme. Hay periodos de aparente calma, seguidos de “oleadas” de actividad sísmica. A estos patrones se les llama clústeres.
Durante estos racimos, nuestra atención se dispara. Recordamos el enjambre, pero olvidamos rápidamente los periodos de tranquilidad, creando una ilusión estadística: creemos que tiembla más seguido de lo normal, cuando en realidad estamos presenciando una de las muchas fluctuaciones naturales del planeta.
¿Se está acelerando la tectónica? ¿O estamos simplemente afinando nuestra tecnología para captar lo que antes pasaba desapercibido? Las tormentas del siglo no son cosa del pasado. Según un nuevo estudio liderado por el climatólogo Michael Mann, el cambio climático podría estar creando nor’easters más intensos y peligrosos que nunca. Estas mega tormentas, famosas por paralizar la costa este de EE.UU. con nieve, lluvia y viento extremo, están ganando fuerza. Aunque parezca contradictorio, un planeta más cálido podría ser el escenario perfecto para nevadas más salvajes. ¿Qué nos espera en la próxima gran tormenta? La ciencia ya tiene algunas respuestas… y no son alentadoras.