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EL COLMO ! AHORA LA CONTAMINACIÓN EN LA LLUVIA

Científicos encuentran nuevo compuesto ácido en la lluvia; puede afectar en la salud

Científicos encuentran nuevo compuesto ácido presente en la lluvia del planeta Tierra, pero ¿es de preocupación? ¿De cuál se trata? Presta mucha atención que aquí te decimos todo lo que debes conocer.

El planeta en el que vivimos es bastante diverso en todos los sentidos y, pese a que vivimos aquí, no hemos terminado de conocerlo por completo, pues recordemos que la mayor parte de su superficie está cubierta por agua.

Sabemos que la Tierra, hasta ahora, es el único planeta que cuenta con las condiciones necesarias para albergar la vida tal y como la conocemos hoy en día, y que el ser vivo sigue buscando manera de adaptarse a los cambios.

Dentro de las condiciones necesarias encontramos ciclos como el del agua, y aquí es donde entra la lluvia, misma que es vital para el planeta y para quienes vivimos aquí.

La lluvia es <<una precipitación de agua líquida en forma de gotas que caen con velocidad apreciable y de modo continuo>> de acuerdo con la Dirección General de Protección Civil y Emergencias.

Ahora bien, sabemos que la lluvia aquí no es la misma que en otros planetas, aquí es de beneficio para nosotros y podemos mojarnos sin complicación alguna, pero recientemente se dio a conocer que hay un nuevo ácido presente en la lluvia.

Sí, así como lo acabas de leer, un nuevo ácido que está en la lluvia, pero ¿es peligroso? ¿De qué se trata exactamente? Presta atención que aquí te explicamos de manera breve y lo más importante.

Científicos encuentran nuevo compuesto ácido presente en la lluvia, según expertos

Este artículo se publicó en la revista de ciencia Nature bajo el titular Hay un nuevo ácido en nuestra lluvia, ¿deberíamos preocuparnos? Y aquí te hablamos sobre esto.

Los científicos revelan que este químico en la lluvia se trata del ácido trifluoroacético, o TFA, y se trata de uno hecho por la mano del hombre, es decir, por el ser humano y en todo el mundo.

<<Esta sustancia química ha aparecido en lagos y ríos; agua embotellada y cerveza; cultivos de cereales e hígados de animales; e incluso en la sangre y orina humanas>> se describe en el artículo.

Pero lo anterior no es todo, pues los expertos encontraron que las concentraciones están aumentando de manera significativa, <<en las últimas cuatro décadas, los niveles de TFA se han vuelto de cinco a diez veces en las hojas y agujas de especies de árboles en Alemania>>.

Así mismo, también encontraron en el hielo ártico canadiense y aguas subterráneas de Dinamarca.

Este ácido en la lluvia se acumula porque los <<procesos naturales no pueden romper sus fuerte enlaces carbono-flúor>> describen los expertos.

Se consideran dentro de los PFAS y estos se asocian a daños en la salud, por lo que han sido prohibidos.

Si bien no suponen un riesgo inmediato, ya que la exposición prolongada es que afecta, debe tenerse en cuenta que sí puede afectar en la salud, causando problemas a nivel de órganos como el hígado, riñones, así como también en el medio ambiente.

¿Qué es la lluvia ácida y qué la produce?

La lluvia ácida es un testimonio oscuro y silencioso de la intrusión humana en el delicado tejido de la naturaleza.

La actividad humana ha dejado su impronta indeleble en el delicado equilibrio de nuestro entorno, perturbando incluso el ciclo vital del agua. En esta interacción peligrosa, surge la lluvia ácida, una manifestación originada por la polución generada por la incineración de recursos fósiles.

Este fenómeno ocurre en distintas formas: lluvia, nieve o niebla. También las erupciones volcánicas pueden desencadenarla, la culpa en su gran mayoría recae en la imprudencia industrial y el desenfreno humano.

La Lluvia Ácida: Un Flagelo de Origen Humano

En aras de entender con claridad este inquietante enigma, es esencial internalizar que la lluvia ácida no es un capricho de la naturaleza; por el contrario, es el resultado amargo de la imprudente actividad humana. En particular, son los humos expulsados por la quema de combustibles fósiles los que ascienden audazmente hasta tocar los cielos.

De acuerdo a los informes esgrimidos por

el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) de Colombia, los villanos detrás de la cortina son los óxidos de azufre y nitrógeno. Aunque, no se limita a ellos solamente, la lista se amplía incluyendo elementos como el cloro, el amoníaco y los compuestos orgánicos volátiles, todos partícipes activos en esta danza tóxica. La liberación irresponsable de estos componentes artificiales surge principalmente de los tubos de escape de los vehículos, las chimeneas fabriles y las plantas generadoras de energía basadas en carbón.

Estos cómplices envenenadores, además, poseen su propia gradación de toxicidad; algunos atacan directamente el sistema respiratorio, mientras que otros corroen con fiereza la piel, ya sea humana, animal o vegetal.

Los Afectados Inocentes: Devastación en la Naturaleza y el Hombre

Preguntarnos acerca de los impactos que la lluvia ácida deja en la humanidad es cuestionarnos sobre una realidad que desearíamos no enfrentar. Pero, son los cuerpos acuáticos los que reciben la carga más pesada de este flagelo. Ríos, arroyos, lagos y aún los vastos mares se ven teñidos por la acidez. En algunos casos, la gravedad es tal que los mantos freáticos. también resultan comprometidos, infiltrando así nuestras veneradas reservas de agua subterránea con su veneno.

Este desastre químico, impulsado por corrientes de viento implacables, arroja nubes preñadas de lluvia ácida a lo largo y ancho, expandiéndose por cientos de kilómetros. En este alarde de crueldad, incluso nuestras tierras agrícolas se ven manchadas. Las cosechas, eventualmente destinadas a nuestros platos, se ven infectadas y arrastran consigo la carga de toxicidad.

En los bosques, esta lluvia envenenada se infiltra, disolviendo los nutrientes vitales en el suelo. En los casos más extremos, desencadena incendios forestales que dejan a los árboles desnudos y despojados. Esta tragedia tiene un efecto dominó en los ecosistemas, desestabilizando hábitats milenarios y arrebatando a los animales el refugio natural al que se habían adaptado con el transcurso de los siglos.

El impacto en los seres humanos, si bien quizás no es el más directo, es igualmente sombrío. La lluvia ácida acentúa las aflicciones del sistema respiratorio, sembrando los campos de la salud con malestares que agobian. El asma, la bronquitis y la neumonía se alzan como los demonios más prominentes entre las sombras.

No obstante, el sufrimiento humano no se detiene allí. En las regiones más industrializadas, donde el aire lucha por fluir libremente, los casos de caída de cabello y quemaduras severas en la piel se han registrado. Estos son claros recordatorios de que nuestra imprudencia se vuelve un arma de doble filo, hiriendo no solo a la naturaleza, sino también a nosotros mismos.