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James Webb descubre el agujero negro más próximo al Big Bang

Es el más antiguo hasta ahora. A solo 400 millones de años luz del amanecer del universo. El telescopio espacial de la NASA/ESA nos vuelve a regalar un hito astronómico.

Amás de 13.000 millones de años luz de distancia, el telescopio espacial James Webb, ha detectado el agujero negro más antiguo que jamás hayamos visto. La luz detectada por un equipo internacional dirigido por el astrofísico Roberto Maiolino de la Universidad de Cambridge es el resplandor emitido por la galaxia anfitriona del agujero negro, tal y como era apenas 400 millones de años después del Big Bang.

Universo primitivo

La importancia de este descubrimiento radica en su desafío a nuestras creencias existentes sobre la formación y el crecimiento de los agujeros negros. El agujero negro recién descubierto, tiene varios millones de veces la masa de nuestro Sol, y existió en una época en la que el universo estaba en su infancia, lo que plantea -nuevamente-, dudas sobre las teorías tradicionales sobre el desarrollo de los agujeros negros. Este hallazgo sugiere que los agujeros negros no solo podrían ser capaces de crecer a lo largo del tiempo, sino “nacer” ya enormes, colosales, o incluso crecer hasta tasas que hasta ahora se consideraban imposibles.

Una nueva era de la astronomía

La galaxia en cuyo centro se ha encontrado el agujero negro más antiguo del universo es GN-z11, detectada por primera vez en 2017, a unos 13.400 millones de años luz de nuestra Vía Láctea, pero unas 100 veces más pequeña. El agujero negro está ‘comiéndose’ a su galaxia anfitriona. El descubrimiento de este agujero negro ha sido el resultado de la sensibilidad del James Webb, que puede ver profundamente en el infrarrojo, detectando luz antigua que ha estado viajando a través de las profundidades desde los albores de los tiempos.

El tamaño del agujero negro recién descubierto sugiere que podrían formarse de otras maneras a las que pensábamos. Según los modelos estándar, los agujeros negros supermasivos se forman a partir de restos de estrellas muertas, que colapsan y pueden formar un agujero negro de unas cien veces la masa del Sol. Si creciera de la forma en que tenemos planteada, este agujero negro recién descubierto tardaría unos 1.000 millones de años en alcanzar el tamaño observado. Sin embargo, el universo apenas tenía 400 millones de años cuando se detectó este agujero negro. Es demasiado ‘pronto’ para que tenga tanta masa, apuntan los científicos, de ahí que haya que considerar otras formas en las que podrían crearse estos agujeros negros.

«Las galaxias muy tempranas eran extremadamente ricas en gas, por lo que habrían sido como un buffet para los agujeros negros», aclaró Maiolino

Como todos los agujeros negros, este joven agujero negro está devorando material de su galaxia anfitriona para impulsar su crecimiento. Sin embargo, se ha descubierto que este antiguo agujero negro devora materia con mucha más fuerza que sus hermanos de épocas posteriores. Quizá la velocidad a la que el agujero negro en GN-z11 está acumulando materia pueda sugerir que los agujeros negros pueden ser capaces de alimentarse mucho más rápido de lo que se ha observado hasta ahora en el universo primitivo. Esto sería una ventaja para las teorías de las semillas de los pequeños agujeros negros.

Este agujero negro recién descubierto está acumulando materia de su galaxia anfitriona a un ritmo cinco veces mayor que el límite de Eddington.

¿Qué es el límite de Eddinton?

Este concepto se conoce como tal en honor al astrofísico británico Sir Arthur Eddington, quien lo propuso por primera vez a principios del siglo XX. El límite de Eddington describe la luminosidad máxima que una estrella u otro objeto luminoso, como un agujero negro en acreción, puede alcanzar manteniendo este equilibrio entre la atracción de la gravedad hacia adentro y la presión radiativa hacia afuera. Si un objeto excede este límite, la presión radiativa sería tan intensa que podría volar las capas externas del objeto, provocando una pérdida catastrófica de masa o, en el caso de un agujero negro, podría limitar un mayor crecimiento por acreción.

Por lo tanto, el límite de Eddington se aplica a esta región y puede actuar de manera similar para alejar el material y cortar el frenesí de alimentación de un agujero negro. Pero pueden ocurrir períodos del llamado «acrecimiento súper Eddington»; en este caso, el equipo estimó que si este período de alimentación voraz hubiera durado 100 millones de años, es posible que no hubiera tenido que comenzar su vida como una pesada semilla de agujero negro. Podría haberse formado a partir de una semilla de agujero negro de masa estelar mucho más ligera y haber crecido rápidamente hasta alcanzar la masa que ha observado el James Webb. El equipo espera que el hallazgo de agujeros negros aún más distantes pueda ayudar a desentrañar este dilema.

Este descubrimiento marca, por tanto, una nueva era en la exploración e investigación espaciales, y esto es solo el comienzo.

“Es una nueva era: el salto gigante en la sensibilidad, especialmente en el infrarrojo, es como pasar del telescopio de Galileo a un telescopio moderno de la noche a la mañana”, explicó Roberto Maiolino, profesor del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge y del Instituto Kavli de Cosmología en el Reino Unido, y autor principal del estudio que publica la revista Nature. “Antes de que Webb estuviera en funcionamiento, pensé que tal vez el universo no fuera tan interesante si se iba más allá de lo que podíamos ver con el Telescopio Espacial Hubble. Pero no ha sido así en absoluto: el universo ha sido bastante generoso en lo que nos muestra, y esto es sólo el comienzo”.

Ondas de agujeros negros pueden ayudar a medir la expansión cósmica

Los ecos de la luz de los chorros que salen de los agujeros negros ofrecen una nueva forma de precisar la distancia a estos objetos y estudiar una población desapercibida en el centro de la galaxia.

También podría incluso ayudar a determinar la tasa de expansión del Universo.

La técnica, desarrollada por un equipo de la Universidad de Newcastle y probada en el arquetipo del agujero negro Cygnus X-1, fue presentada por el investigador de posgrado y miembro del equipo Patrick O’Neill en el National Astronomy Meeting británico en Cardiff.

La mayoría de los agujeros negros son los remanentes compactos de estrellas que terminaron sus vidas en explosiones de supernovas. Tienen un campo gravitatorio tan fuerte que ni siquiera la luz puede escapar de su alcance, de ahí la descripción de ellos como negros. A pesar de eso, la influencia en su entorno puede ser muy obvia, ya que el material que orbita alrededor de un agujero negro se concentra en un disco y puede calentarse mucho. Esto significa que son fuertes fuentes de rayos X, y muchos también tienen chorros asociados que arrojan gas y polvo a grandes distancias.

La distancia calculada a la mayoría de los agujeros negros se basa en su brillo de rayos X y las medidas asociadas de su masa, que se pueden deducir por la rapidez con que el material se arremolina a su alrededor. O’Neill y los otros miembros del equipo adoptan un enfoque diferente.

La luz del chorro del agujero negro se emite en todas las direcciones, por lo que llega al disco. Al igual que un espejo, el disco refleja una parte de la luz entrante. Comenzando desde la parte más interna del disco, la luz reflejada se ondulará hacia afuera ya que la luz emitida en el chorro tarda más en llegar a las partes externas del disco. Esta «reverberación» de la luz es similar a un eco sonoro.

Esto significa que vemos la luz que se origina en el chorro de dos maneras: la luz que viaja directamente hacia nosotros y la luz que refleja el disco. Al monitorear simultáneamente el brillo de la luz que viaja directamente hacia nosotros y la luz que se refleja, es posible deducir qué tan lejos está el chorro por encima del disco. También les dice a los astrónomos qué tan cerca está el límite interno del disco del propio agujero negro. Más cerca en el campo gravitacional del agujero negro interrumpe la forma del disco.

El seguimiento conjunto de la luz emitida por el chorro del agujero negro y el disco que lo rodea permite al equipo calcular el tamaño del disco y la fracción de luz que refleja. Eso da una medida absoluta del brillo del disco y, por lo tanto, la distancia al sistema agujero negro-disco.

Densas nubes de gas y polvo normalmente bloquean la luz infrarroja, visible y ultravioleta emitida desde los centros de las galaxias (incluida la nuestra), restringiendo nuestra visión. Por el contrario, los rayos X pueden cruzar estas regiones sin obstáculos, por lo que debería ser posible medir la distancia a los agujeros negros supermasivos. Si eso se puede hacer, será una nueva forma de determinar qué tan rápido se está expandiendo el universo, algo que aún no se ha resuelto 94 años después del descubrimiento de la expansión misma.

También es una poderosa herramienta para sondear la población de agujeros negros en el centro de la galaxia. Hasta ahora, los astrónomos tendían a observar agujeros negros que eran relativamente ligeros y alejados del plano de la Galaxia donde se encuentran la mayoría de las estrellas (nuestra Galaxia tiene brazos espirales en un disco plano que sale de una barra central).

A veces, un agujero negro y una estrella masiva se orbitan entre sí en un sistema binario. Si la estrella masiva explota como una supernova, el agujero negro puede ser expulsado del plano de la galaxia. Cuanto más pesado sea el agujero negro, menor será la aceleración, por lo que los agujeros negros de mayor masa se encontrarán más cerca del plano galáctico y en el centro galáctico.

O’Neill dijo en un comunicado: «A menudo nos limitamos a las observaciones de galaxias distantes para hacer inferencias sobre la Vía Láctea. Esta técnica de vanguardia ofrece un método para sondear el centro galáctico previamente oculto, ofreciendo nuevos conocimientos sobre la evolución de nuestra propia galaxia y cómo los agujeros negros acumulan material[MOU1] . También es emocionante pensar que podríamos ayudar a establecer la velocidad a la que se expande el Universo y obtener una mejor comprensión de su futuro».

El equipo ahora quiere construir una imagen de la población de agujeros negros en el centro de la galaxia. Esto podría ayudar a encontrar objetos como agujeros negros de masa intermedia, objetos que se cree que resultan de la fusión de agujeros negros de estrellas individuales y un paso en el camino hacia la formación de agujeros negros supermasivos del tamaño de un monstruo que se encuentran en el centro de la mayoría de las galaxias.

El universo está ‘condenado’ a evaporarse, dicen los científicos

Una nueva investigación vuelve a dar la razón a Stephen Hawking, apoyando su teoría original acerca de que los objetos grandes del cosmos se terminan evaporando.

Ya sabemos que nada puede escapar de un agujero negro, ni siquiera la luz, por lo que cruzar el horizonte de sucesos es un momento dramático, pero al borde del abismo, pueden suceder cosas bastantes interesantes. El famoso físico teórico y divulgador científico británico Stephen Hawking tenía una teoría de la radiación que lleva su nombre (radiación Hawking) que dictaba que todos los agujeros negros eventualmente se evaporarían.

Fue en 1974 cuando Hawking propuso esta teoría en la que se produciría un drenaje gradual de energía en forma de partículas de luz que surgen alrededor de los campos gravitatorios inmensamente poderosos de los agujeros negros.

Ahora, una nueva investigación teórica de Michael Wondrak, Walter van Suijlekom y Heino Falcke de la Universidad de Radboud ha demostrado que Stephen Hawking tenía razón en parte sobre los agujeros negros. Los investigadores descubrieron que los agujeros negros se evaporarán en algún momento debido a la radiación de Hawking. En algún momento, todos los objetos del universo también llegarían a disiparse tras perder, de forma extremadamente lenta, masa y energía en forma de radiación térmica (calor). Si la teoría es cierta, significa que todo lo que hay en el universo eventualmente desaparecerá; su energía se acabará evaporando lentamente en forma de luz.

Los agujeros negros no son eternos (y el universo parece que tampoco)
Los investigadores se cuestionaron un aspecto crucial del escenario planteado por Hawking. ¿Es necesario un horizonte de eventos para tener radiación de Hawking? No solo aquí. El destino final de todo lo que existe en el universo sería acabar evaporándose, concluyeron los expertos.

“Demostramos que, además de la conocida radiación de Hawking, también existe una nueva forma de radiación”, explica Michael Wondrak, coautor del estudio que recoge la revista Physical Review Letters. La gravedad y la curvatura del espacio-tiempo también provocan esta radiación, exponen. Esto significa que todos los objetos grandes del universo, como los restos de estrellas, también acabarán desapareciendo.

El proceso

En este estudio, los científicos revisaron este proceso e investigaron si la presencia de un horizonte de sucesos es realmente crucial o no. Combinaron técnicas de la física, la astronomía y las matemáticas para examinar qué sucede si se crean tales pares de partículas (una que cae en el agujero negro y otra que escapa del mismo) en los alrededores de los agujeros negros. El trabajo mostró que también se pueden crear nuevas partículas mucho más allá de este horizonte.

Esto significa que la radiación de Hawking, o algo muy similar, podría no estar limitada a los agujeros negros. Podría estar en todas partes, lo que significa que el universo se estaría evaporando muy lentamente delante de nuestros propios ojos.

“Eso significa que los objetos sin un horizonte de sucesos, como los restos de estrellas muertas y otros objetos grandes del universo, también tienen este tipo de radiación. Y, después de un período muy largo, eso llevaría a que todo en el universo finalmente se evaporara, al igual que los agujeros negros. Esto cambia no solo nuestra comprensión de la radiación de Hawking, sino también nuestra visión del universo y su futuro”, concluyeron los autores.

5 años sin Hawking

Stephen Hawking hizo contribuciones significativas a nuestra comprensión del universo, los agujeros negros y la naturaleza del espacio y el tiempo. A pesar de haber sido diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) a la edad de 21 años, este genio continuó con su trabajo científico y se convirtió en una figura icónica tanto en la comunidad científica como en la popular. Estudió en la Universidad de Cambridge, donde se involucró en física teórica y cosmología. Una de las contribuciones más significativas de Hawking fue su trabajo sobre los agujeros negros. En 1974, propuso el concepto de radiación de Hawking, que sugiere que los agujeros negros no son completamente negros sino que emiten radiación debido a efectos cuánticos cerca del horizonte de sucesos, un concepto que revolucionó nuestra comprensión de la física de los agujeros negros.

A lo largo de su vida, fue autor de numerosos libros, incluido «Una breve historia del tiempo», que se convirtió en un éxito de ventas internacional tras su lanzamiento en 1988. También ganó múltiples reconocimientos por su trabajo, incluido recibir muchos títulos honoríficos de universidades de todo el mundo. Hawking falleció el 14 de marzo de 2018, pero siempre será recordado no solo por ser una de las mentes más brillantes de la física moderna, sino también por inspirar a generaciones a través de la divulgación de la ciencia en sus múltiples apariciones en los medios de comunicación.