PREOCUPA A LA OMS LOS CASOS SE MULTIPLICAN RÁPIDAMENTE

La OMS advierte que el nuevo brote de chikungunya podría convertirse en una amenaza global.

El virus del chikungunya ha vuelto a ocupar los titulares mundiales. Esta vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emitido una alerta preocupante: el nuevo brote de chikungunya podría convertirse en una amenaza global. No se trata de una simple advertencia. Los casos se multiplican rápidamente y los expertos temen una propagación explosiva.

La infección, causada por un virus transmitido por mosquitos, ha superado fronteras tropicales y subtropicales, desplazándose hacia regiones templadas, incluso en Europa. Lo que alguna vez fue una enfermedad regional, hoy amenaza a más de la mitad de la población mundial.

Las cifras recientes y los patrones de transmisión despiertan alarma entre las autoridades sanitarias. ¿Qué está ocurriendo con el chikungunya? ¿Cómo afecta este virus al organismo? Y lo más importante: ¿puede prevenirse una nueva crisis global?

¿Qué es el chikungunya y por qué preocupa a la OMS?

El chikungunya es una enfermedad viral aguda, caracterizada por fiebre alta, dolor articular intenso, erupciones cutáneas y fatiga. El virus se transmite a través de picaduras de mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus, los mismos vectores del dengue y el zika. Aunque rara vez es mortal, su impacto en la salud puede ser devastador.

La OMS ha encendido las alertas por un nuevo brote de chikungunya que ya afecta a varias regiones del mundo. Según datos de la agencia, más de 220,000 casos han sido notificados en lo que va del año 2025, con más de 80 muertes confirmadas. Francia, Italia, Madagascar, Somalia, India y Brasil se encuentran entre los países más afectados.

El brote actual ha demostrado un patrón epidemiológico similar al registrado en 2004–2005, cuando la enfermedad se diseminó desde el Índico hacia Asia, causando más de medio millón de casos. La alerta de la OMS por chikungunya busca evitar que esta historia se repita a una escala mayor.

Factores que explican el resurgimiento del virus

Uno de los principales motivos de preocupación es la expansión geográfica de los mosquitos vectores. Debido al cambio climático, el Aedes albopictus ha logrado colonizar zonas más frías de Europa, Asia y América del Norte, facilitando la propagación del virus en lugares antes considerados seguros.

Otro factor clave es la urbanización acelerada y no planificada en países tropicales, lo que crea hábitats ideales para los mosquitos: aguas estancadas, residuos plásticos y alta densidad poblacional. Además, el incremento de los viajes internacionales ha favorecido la introducción del virus en nuevas regiones.

El estudio publicado en PLOS Neglected Tropical Diseases, destaca que la transmisión del chikungunya ha pasado de ser esporádica a sostenida, con brotes impredecibles en 114 países desde 1999. Esta evolución representa un desafío crítico para el control de la enfermedad y el desarrollo de vacunas efectivas.

La amenaza global: cifras y zonas en riesgo
Según la OMS, aproximadamente 5,600 millones de personas en 119 países viven en zonas donde hay riesgo de infección por chikungunya. Las regiones más vulnerables incluyen el sur de Asia, el África oriental, América Latina y la cuenca del Mediterráneo.

En Europa, Francia ha reportado cerca de 800 casos importados y 12 contagios autóctonos desde mayo de 2025. Italia confirmó un caso local en julio. En La Reunión, una de cada tres personas ya se ha infectado. La OMS estima que estos brotes pueden aumentar durante los meses cálidos, especialmente en regiones con mosquitos presentes.

A pesar de su baja mortalidad, el virus puede causar dolor crónico en un 40% de los pacientes infectados. Esta condición, llamada artritis post-viral, puede durar meses o incluso años, reduciendo significativamente la calidad de vida.

Vacunas en desarrollo y obstáculos actuales
Hasta la fecha, no existe un tratamiento antiviral específico para el chikungunya. Sin embargo, existen vacunas en fase avanzada de desarrollo. En 2023, Estados Unidos aprobó la primera vacuna llamada Ixchiq, pero fue suspendida temporalmente en 2025 tras detectarse efectos adversos en adultos mayores.

Otra candidata, llamada Vimkunya, ha sido autorizada recientemente para mayores de 12 años en algunos países. Esta vacuna utiliza partículas pseudovirales y está mostrando resultados prometedores. No obstante, según el estudio de Bettis et al. (2022), la imprevisibilidad de los brotes dificulta la evaluación de la eficacia vacunal en ensayos clínicos convencionales.

El mismo estudio resalta la necesidad de contar con datos más precisos sobre la incidencia, duración de la inmunidad natural y tasas de infección por grupo etario. Esta información permitiría optimizar los ensayos y planificar mejor la distribución de vacunas.

Medidas urgentes para contener la propagación

La alerta de la OMS por chikungunya incluye una serie de recomendaciones urgentes para gobiernos y comunidades. Entre ellas destacan: reforzar la vigilancia epidemiológica, eliminar criaderos de mosquitos, promover el uso de repelentes y ropa protectora, y educar a la población sobre los síntomas y la prevención.

También se propone aprovechar las infraestructuras de vigilancia ya existentes para dengue y zika, incorporando pruebas de laboratorio específicas para el chikungunya. La detección temprana de brotes locales podría evitar su propagación internacional.

A nivel científico, se recomienda fomentar estudios serológicos comunitarios que revelen cuántas personas han sido infectadas sin presentar síntomas, y cuántas siguen siendo susceptibles. Esta información es crucial para prevenir brotes masivos.

Conclusión

El brote de chikungunya amenaza con convertirse en una nueva crisis de salud global. La expansión del mosquito vector, el cambio climático y la falta de inmunidad colectiva son ingredientes peligrosos que podrían desencadenar una epidemia a gran escala.

La alerta emitida por la OMS no debe ser ignorada. Se trata de una advertencia clara: estamos a tiempo de actuar, pero el margen es reducido. Invertir en vigilancia, educación, investigación y vacunación podría evitar millones de contagios y secuelas crónicas.

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